Sopas dulces rumanas que casi nadie conoce (de manzana y de guindas)
- Feb 15
- 4 min read
Hay sabores que no todo el mundo espera encontrar en una cuchara. En Rumanía existen sopas que se sirven frías, con fruta, especias suaves y una textura ligera que se mueve entre postre y primer plato. Para muchos suena raro hasta que las pruebas.
Estas dos recetas —sopa dulce de manzana y sopa dulce de guindas— vienen de una tradición antigua, muy influenciada por la cocina húngara y centroeuropea, donde las frutas cocidas con especias forman parte del día a día desde hace siglos. No son recetas modernas ni virales; son cocina casera, sencilla y pensada para refrescar y reconfortar sin resultar pesada.
Lo interesante es que mucha gente joven en Rumanía ni siquiera ha crecido comiéndolas, pero en generaciones anteriores eran bastante habituales, sobre todo en verano o como final ligero después de platos más contundentes.

Un poco de contexto: por qué existen sopas dulces en Europa del Este
En zonas como Transilvania o Hungría, las sopas de fruta no se consideran un postre extraño. Surgen de una cocina rural donde:
la fruta era abundante en temporada
el azúcar se usaba con moderación
y las especias ayudaban a conservar y aromatizar
Se servían frías para combatir el calor o templadas en invierno, dependiendo del ingrediente principal. La base suele ser muy simple: agua, fruta, un espesante ligero y una crema suave que equilibra la acidez.
No buscan ser empalagosas. La idea es crear algo fresco, aromático y fácil de comer.
Ingredientes

Supa de mere (sopa dulce de manzana)
4 manzanas
1 yema de huevo
1 cucharada de smântână (nata agria) o yogur natural
1 cucharada de harina
1L de agua
1 rama de canela
1 rodaja de limón
2 clavos de olor
1 sobre de azúcar vainillado (o azúcar al gusto + esencia de vainilla)
una pizca de sal

Supa de vișine (sopa dulce de guindas)
300g guindas
1L de agua
1 cucharada de harina
1 cucharada de smântână o nata
1 rodaja de limón
1 sobre de azúcar vainillado
una pizca de sal
Nota: si no encuentras guindas, puedes usar cerezas congeladas u otra fruta que tenga un punto agrio.
Preparación
1. Preparar la fruta
Corta las manzanas en rodajas finas o trozos pequeños. Si haces la versión de guindas, simplemente lávalas y retira huesos si es necesario. Y sí, también puedes usar compotas.
Añade una rodaja de limón; incluso puedes dejar parte de la piel para que perfume más el caldo.
2. Base aromática
Pon 1 litro de agua a hervir a fuego fuerte. Cuando empiece a burbujear:
añade la fruta (el limón también es fruta eh)
incorpora los clavos de olor
y, en el caso de la sopa de manzana, la rama de canela
Deja hervir unos 20 minutos, hasta que la fruta esté ligeramente blanda pero sin deshacerse.
3. Preparar la mezcla cremosa
En un bol mezcla:
la yema (solo para la sopa de manzana)
la smântână o nata
la harina
azúcar vainillado
una pizca de sal
Ve añadiendo un poco de agua poco a poco mientras mezclas para evitar grumos. Tiene que quedar una salsa ligera y homogénea.

4. Espesar la sopa
Baja el fuego y añade la mezcla lentamente a la olla. Remueve sin parar para que se integre bien y no se corte.
Deja cocinar unos 10 minutos más a fuego medio. Verás que la sopa gana una textura más suave y ligeramente espesa.
5. Ajustes finales
Aquí es donde puedes adaptar la receta:
más nata si quieres una textura más cremosa
menos canela en la versión de guindas para que destaque la acidez
más limón si te gusta ese contraste fresco
La base es tradicional, pero el equilibrio final depende mucho del gusto personal.
Cómo se sirve
Estas sopas se suelen servir frías, especialmente en verano. Después de reposar en la nevera unas horas, los sabores se redondean y la textura mejora bastante.
Dicho esto, tampoco pasa nada si te la comes caliente. Hay quien la prefiere así, sobre todo en días más fríos.
Consejos & tips
No te obsesiones con el dulzor: la gracia está en el equilibrio entre ácido y suave.
Si usas fruta muy madura, reduce un poco el azúcar.
La harina debe integrarse con líquido frío antes de entrar en la olla para evitar grumos.
Si quieres una versión más ligera, puedes sustituir la nata agria por yogur natural.
Al día siguiente suele estar incluso mejor, porque la fruta suelta más aroma.

Una tradición pequeña que merece seguir viva
Puede que la idea de una sopa dulce choque al principio, sobre todo si vienes de una cocina donde las sopas siempre son saladas. Pero precisamente ahí está lo interesante: descubrir recetas que han sobrevivido décadas sin hacer ruido.
No es una receta complicada ni pretende impresionar visualmente. Es una forma distinta de usar la fruta que sobra durante la temporada
, heredada de otra época y adaptada con el tiempo por cada familia.
Si te gusta explorar sabores poco conocidos y recetas que no aparecen en todos lados, estas sopas son un buen punto de partida. Y quién sabe… igual acabas asociándolas a recuerdos nuevos, como me pasa a mí cada vez que vuelvo a prepararlas.





Comments