Sopa rumana de albóndigas de hígado (Găluște de ficat)
- Jan 29
- 3 min read
Hay platos que no entran por moda. Entran por tradición, por cultura y por memoria.
Esta sopa rumana lleva un ingrediente que en España genera rechazo automático: hígado. Y no porque sea malo, sino porque se ha construido alrededor de él una narrativa absurda: que si toxinas, que si sabor fuerte, que si “comida rara”.
La realidad es otra.
En Rumanía se cocina todo del animal. No por necesidad (como solía hacerse hace años) sino por respeto. Porque durante generaciones se entendió que si un animal te da alimento, se aprovecha entero. Y porque la casquería bien hecha no es pobreza: es técnica, conocimiento y cocina real.
Esta sopa, llamada găluște de ficat, es un ejemplo perfecto de eso. Una sopa de caldo limpio, albóndigas tiernas, hierbas frescas y una textura ligera que no empacha. Con sabor profundo, pero equilibrado. De esas que no te pesan, pero te llenan.
Es uno de esos platos que te desmontan prejuicios sin necesidad de discursos.

El hígado y los mitos
El hígado no almacena toxinas, las filtra. Esa es literalmente su función biológica.Las toxinas se eliminan a través de la bilis y los riñones.
Nutricionalmente es uno de los alimentos más densos que existen:
vitamina A
vitamina B12
hierro
zinc
proteínas de alta calidad
Eso no significa comerlo todos los días (ya que la vitamina A en exceso no es buena), pero sí entender que no es un alimento peligroso, sino todo lo contrario cuando se consume con cabeza.
El problema no es el ingrediente. Es la mala cocina y la desinformación.

Una sopa sencilla, pero completa
Esta receta no busca espectacularidad visual. Busca textura, equilibrio y sabor.
Las albóndigas no se fríen, no se doran, no se sellan: se cuecen directamente en el caldo, se inflan, se vuelven esponjosas por dentro y suaves por fuera.
El perejil corta la intensidad del hígado. El caldo envuelve todo. La textura lo hace fácil de comer incluso para quien “cree” que no le gusta el hígado.
Es cocina funcional. De la que alimenta de verdad.
Ingredientes
Para las albóndigas de hígado:
800 g de hígado de ternera
4 huevos
pimienta negra
1 manojo de perejil fresco
180 g de sémola de trigo duro
(opcional) cebolla caramelizada
(Si no encuentras sémola: harina de fuerza o pan rallado fino funcionan bien)
Para la sopa:

Preparación
1. Base de las albóndigas
Tritura el hígado (de ternera o el que prefieras).Si no tienes triturador, pícalo muy fino a cuchillo.
Pica el perejil fresco y añádelo a la mezcla junto con:
los huevos
sal
pimienta
la sémola de trigo duro
Mezcla bien hasta integrar todo.Prueba un poco para ajustar de sal (sin tragar).
Puedes usarla al momento, pero si la dejas reposar en nevera hasta el día siguiente, el sabor mejora.
La textura debe ser blanda pero estable, no líquida.
2. Caldo
Pon a hervir un buen caldo casero. Puede ser vegetal, pero uno de carne le da más profundidad.
3. Formado de las albóndigas
Calienta una cuchara en el caldo hirviendo. Esto ayudará un poco a que la masa no se pegue a la cuchara (seguramente se pegue igual). Ve cogiendo pequeñas porciones de masa y soltándolas directamente en el caldo.
No busques forma perfecta. Las primeras saldrán feas. Da igual. Importa el interior, no la estética.
No las hagas grandes: se inflan al cocerse.

4. Cocción
Cuando termines de echar las albóndigas deseadas, baja el fuego y deja hervir a fuego suave durante 30 minutos.
Si sobra masa, se puede congelar sin problema.
5. Punto
Saca una albóndiga y córtala por la mitad:
interior rosado
textura blanda
nada crudo
nada duro
Si está roja o compacta, necesita más tiempo.
Consejos & tips
El perejil es clave: equilibra el sabor del hígado
No hagas albóndigas grandes: la textura se estropea
Mejora con reposo
El caldo es tan importante como las albóndigas
La mezcla gana sabor al día siguiente
Es un plato ideal para congelar por partes

Esta no es una sopa “rara”. Es una sopa tradicional, nutritiva y honesta.
Cocina de aprovechamiento bien hecha. Sin modernidades. Sin disfrazar ingredientes.
Si siempre has pensado que el hígado “no es para ti”, este plato es justo el que puede cambiarte la idea.
Y si te interesa la cocina rumana real —la que no suele verse—, esta receta es una puerta de entrada perfecta.





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