Drob de miel: el plato sin el que no existe la Pascua en Rumanía
- 2 abr
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Actualizado: 2 abr
Hay recetas que no son opcionales. En Rumanía, si llega Pascua y no hay "drob de miel" en la mesa, algo falla.
Aprende qué es el drob de miel, cómo se prepara este pastel salado tradicional rumano y por qué sigue siendo uno de los platos más importantes de la cocina de Pascua.
Puede que el nombre no te diga mucho. Y si te digo que está hecho con hígado, corazón y pulmón de cordero, probablemente aún menos.
Pero aquí es donde mucha gente se equivoca.
El drob no es un plato de casquería “difícil”. Es un pastel salado aromático, jugoso y sorprendentemente equilibrado, que en muchas casas desaparece antes que cualquier otro plato. Si te gusta el paté, este plato te encantará.
¿Qué es realmente el drob de miel?
Es una receta tradicional rumana que se prepara especialmente en Pascua.
Se trata de una especie de terrina o pastel salado hecho a partir de los órganos del cordero, mezclados con hierbas frescas, huevos y otros ingredientes sencillos.
Todo esto se hornea hasta obtener una textura firme pero cremosa por dentro.
El resultado recuerda más a un paté casero horneado que a un plato típico de casquería.

¿Por qué este plato existe?
En la tradición rumana de Pascua, el cordero tiene un papel central. Es más, cuesta muchísimo encontrar cordero en carnicerías durante todo el año, pero durante la Pascua abunda.
Y como en muchas cocinas tradicionales, la lógica es clara: no se desperdicia nada.
De ahí nace este plato. Aprovechar los órganos no solo era una necesidad, sino también una forma de crear algo nutritivo, sabroso y duradero.
Con el tiempo, esa necesidad se convirtió en tradición. Otro plato rumano delicioso con casquería es esta sopa de albóndigas de hígado.
Ingredientes
Aunque cada familia tiene su versión, la receta de mi abuela triunfa internacionalmente. Estos son los ingredientes para 1 drob (en el vídeo hacemos 2).
500g órganos de cordero: principalmente hígado, pulmón y corazón (los riñones y bazo también se pueden usar). Se pueden comprar en cualquier carnicería
1 manojo de cebolleta (unas 4 cebolletas)
1 manojo de ajo tierno (unos 3 ajos)
1 manojo de eneldo (40 gramos)
1 manojo de perejil (50-60 gramos)
1 cucharada de tomillo seco (opcional)
3 huevos (para la mezcla)
3 huevos hervidos (opcional, para decorar)
pan (opcional, para suavizar la textura)
sal, pimienta y nuez moscada
Adapta los manojos y demás condimentos según te guste a ti, ve probando mientras lo cocinas.

Procedimiento
1. Limpiar bien los órganos
Antes de cocinarlos, los órganos se dejan en agua con sal y un poco de limón o vinagre durante al menos una hora.
Este paso ayuda a que suelten restos de sangre e impurezas, además de suavizar el sabor.
Después se aclaran bien, se revisan y se eliminan posibles coágulos o exceso de grasa.
2. Cortar y cocinar la base aromática
La parte blanca de la cebolleta y del ajo tierno se pica y se cocina a fuego suave con un poco de aceite hasta que se ablande.
La parte verde se reserva para más adelante.
Mientras tanto, también se lavan y pican el eneldo y el perejil, que son fundamentales.
3. Cocinar los órganos
Los órganos se cortan en trozos y se cocinan junto al sofrito.
Primero suelen añadirse las partes que tardan más, como el corazón o el pulmón, y después el hígado.
La idea no es secarlos, sino cocinarlos hasta que queden hechos pero todavía jugosos, con un poco de salsa o jugo concentrado en el fondo. En el horno acabarán de cocinarse bien.

4. Triturar o picar la mezcla
Añade la parte verde de la cebolleta y el ajo tierno y déjalo 10 minutos tapado con el fuego apagado, solo para que se ablande un poco.
Una vez se ha enfriado un poquitín, procede a picarlo a cuchillo o con algún aparato que tengas en casa.
Si se tritura más fino, la textura queda más homogénea y cremosa. Si se pica a cuchillo, el resultado es más rústico y con textura.
No olvides que tienes la posibilidad de incluir el pan. Mi madre lo recomienda para mejorar aún más la textura.
5. Mezclar con hierbas, huevos y condimentos
Se añaden las hierbas frescas, los huevos, la sal, la pimienta y, si se quiere, un poco de nuez moscada.
La mezcla debe quedar sabrosa y cremosa, no seca ni compacta en exceso.
Si hace falta, se puede añadir un poco más de aceite para ajustarla, pero ojo: por un lado, el aceite hace que la mezcla quede más jugosa y blanda, pero también más quebradiza. En cambio los huevos harán que se pegue todo mucho mejor, solo que puede endurecer el resultado final. Aquí es cuestión de encontrar el punto medio y experimentar.
6. Montar el drob
La mezcla se coloca en un molde alargado, normalmente forrado con papel de horno o, en versiones más tradicionales, con prapur (redaño).
En muchas casas se añaden huevos cocidos en el centro para que al cortar el drob quede más vistoso.
Después se cubre con más mezcla, se alisa bien la superficie y se añade un poco de aceite por encima para evitar que se reseque.
7. Hornear y dejar reposar
El drob se hornea hasta que la superficie quede hecha y ligeramente dorada. Nosotros lo hemos dejado 40 minutos.
Pero aquí viene una de las claves de la receta: hay que dejarlo enfriar por completo.
De hecho, suele estar mejor al día siguiente, cuando ya ha reposado, se ha asentado bien y se puede cortar en rodajas limpias sin que se rompa.

Un detalle importante: el sabor no es lo que esperas
Aquí es donde la mayoría falla al juzgar este plato.
El drob no sabe fuerte, ni mucho menos asqueroso.
El tratamiento previo de los órganos (dejarlos en agua con sal y ácido) elimina impurezas y suaviza muchísimo el sabor. Después, las hierbas frescas equilibran todo y el horneado transforma la mezcla en algo mucho más suave.
Por eso, incluso gente que no suele comer casquería acaba disfrutándolo.
Un elemento clásico que hoy casi no se ve
En muchas versiones tradicionales, el drob no se hornea simplemente en un molde.
Se envuelve en una membrana natural del cordero llamada prapur (redaño), una fina capa grasa que recubre los órganos.
Esto ayuda a mantener la humedad, aporta sabor y protege la superficie durante la cocción. Además, en el horno se tuesta y queda crujiente, lo cual eleva aún más el plato.

Un plato sencillo, pero con mucha lógica
El drob de miel no es un plato sofisticado. Pero tiene algo que muchos platos modernos han perdido: sentido.
Es barato, nutritivo, aprovecha todo el animal y lleva generaciones haciéndose prácticamente igual.
Y por eso los rumanos seguimos disfrutándolo año tras año.
¿Vale la pena probarlo?
Si nunca has probado casquería, este es uno de los mejores puntos de entrada.
Y si ya te gusta, entonces directamente es un imprescindible.
Porque más allá de lo que lleva, el drob es uno de esos platos que hasta que no lo pruebas, no sabes lo que te pierdes.





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