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La casa de mis sueños

Un puente entre Rumanía y el resto del mundo

El sueño

Hay gente que está hecha para vivir en la gran ciudad. Yo pensaba ser uno de ellos, y durante años estuve intentando huir de la tranquilidad que ofrece la zona donde viven mis padres. Me mudé a Barcelona, la ciudad más caótica de España (y posiblemente del mundo), aceptando incluso vivir en el barrio más marginal y peligroso del país. Ahora, 6 años más tarde, estoy harto.

Eso se ha alineado a la perfección con el patriotismo que, sin darme cuenta, llevaba en mi interior. Estos últimos años he hecho más viajes que nunca a mi país, Rumanía. Tanto para explorar junto a mi novia, como para estar semanas con mi abuela, ayudándola y cocinando sus recetas. Reviviendo con ella una pequeña parte de lo que fue mi infancia ahí. Durante ese tiempo, me he dado cuenta de que ahí es donde pertenezco. Rumanía es el lugar que puedo llamar "hogar".

Por cosas del destino, durante ese período también conocí otros creadores de contenido rumanos que enseñan las costumbres de nuestro país, lo cual me animó a hacer lo mismo. Primero subí un vídeo (mi primer reel viral) hablando sobre como nos sentimos las personas que "no somos ni de aquí, ni de allá". A partir de ahí, empecé a subir vídeos hablando sobre tradiciones de Rumanía, recetas rumanas y tesoros nacionales, teniendo un recibimiento buenísimo que jamás esperé.

Hice otro vídeo más personal, hablándole a la cámara "de tú a tú" y anunciando por primera vez que mi plan es volver cuanto antes a Rumanía, y en los comentarios, una maravillosa persona me dio la idea:

- Estaría chulo que montes una casa rural donde recibir turistas que quieran ver lo más auténtico de Rumanía.

Y pues sí... sería algo increíblemente bonito.

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La casa

Imagínate una casita no muy grande, con un exterior rústico y con un interior que combine tradición con modernidad. Fuera, un jardín grande, mínimo como el de mi abuelo. Donde plantar maíz, tomate, pepino, pimiento, zanahoria y patatas, entre otros. Legumbres, fresas y arbustos de frambuesa y otros frutos rojos. Árboles frutales, sobre todo muchos guindos, que me den sus guindas con las que hacer un sinfín de postres típicos y "vișinată".

Imagínate una pequeña zona para animales con unas cuantas gallinas. Tal vez una oveja, una vaca y quién sabe, igual incluso un cerdito. ¿Alguna vez has comido huevos apenas puestos? ¿Has bebido leche recién ordeñada? ¿Tienes idea lo que significa comer morcilla o salchicha de hígado acabadas de embutir? Porque yo, de pequeño, tuve la suerte de vivir todo esto y más, pero no me daba cuenta de lo preciosos que eran esos momentos y de lo escasos que se volverían.

Ahora imagínate que en tus próximas vacaciones, en lugar de ir a otra ciudad masiva, tan llena de turistas que no puedes ni andar por la calle, viajas a Rumanía. Y pasas un par de noches en una casita como la que acabo de describir. Donde puedes conocer la riqueza cultural de Rumanía, cocinar y comer platos rumanos con ingredientes frescos del huerto, explorar las maravillas del país y todo con un guía local a tu lado (yo), acompañándote y asegurándome que tu experiencia es la más auténtica e inolvidable que has vivido.

Eso es justo lo que quiero hacer. Volver a mi país con mi pareja, encontrar la casa (o construirla si hace falta), llenar el jardín y preparar la habitación (o casita/cabaña) de invitados donde te estaremos esperando.

Y por supuesto, formar una familia y tener una vida tranquila.

La primera semilla ya está plantada: mi ambición por hacer este sueño una realidad.

Pero también necesito tu ayuda.

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